El punto de partida

La huella de carbono en el shipping sigue siendo uno de los grandes retos del comercio mundial. El transporte marítimo mueve alrededor del 80% del comercio internacional por volumen, pero la Organización Marítima Internacional estimó que el sector emitió 1.056 millones de toneladas de CO₂ en 2018, cerca del 2,89% de las emisiones globales de origen humano.

Es cierto que el sector ha mejorado poco a poco en eficiencia. Los buques consumen menos por tonelada transportada y la regulación internacional exige reducir la intensidad de carbono al menos un 40% en 2030 con respecto a los datos de 2008. La OMI también fija como objetivo alcanzar emisiones netas cero en el transporte marítimo hacia 2050. Un reto, a priori, difícil de imaginar.

Esa mejora no evita que las emisiones sigan bajo presión. El aumento del comercio y los conflictos que obligan a tomar desvíos complican la reducción real de la huella ambiental. UNCTAD advierte de que la reconfiguración de rutas ha disparado las toneladas-milla, es decir, la distancia que recorre cada tonelada de mercancía.

El ejemplo más claro está en los desvíos que esquivan el canal de Suez. Cuando un buque rodea África, navega más días, gasta más combustible y encarece toda la cadena logística. En esos casos, cada operación alargada aumenta también el impacto ambiental del transporte marítimo.
La reparación rápida también cuenta

En una parte menos visible de este debate entra el papel de empresas técnicas del sector como Gensea Group, que pueden reducir tiempos improductivos en puerto. Fran Sánchez, fundador de GTS Universal y Gensea Group, defiende que la disponibilidad inmediata también afecta a la sostenibilidad del sector: “Cada hora que un buque permanece innecesariamente parado” implica mayor consumo y más emisiones.

Sánchez sitúa el foco en la rapidez sin perder seguridad ni calidad. Reparar antes, planificar mejor y evitar esperas innecesarias reduce costes, pero sobre todo baja el impacto ambiental de cada operación marítima.

La Unión Europea ya tiene nuevas reglas en marcha. FuelEU Maritime entró en vigor en 2025 y obliga a reducir la intensidad de gases de efecto invernadero de la energía usada por grandes buques que operan en puertos europeos. La medida se suma a la inclusión del transporte marítimo en el mercado europeo de emisiones.

La solución pasa por combinar combustibles más limpios con operaciones mejor medidas. El shipping seguirá siendo esencial para el comercio global, pero su futuro dependerá de buques más eficientes y de puertos con servicios técnicos preparados para actuar rápido cuando una escala se complica.

Rapha Borrego

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