Directo al Grano, programa de La 1 de RTVE, publicó el 27 de julio un vídeo en el que advertía de supuestos riesgos del gazpacho por su “exceso de fructosa”, sus aditivos, la pasteurización, el licopeno o la presencia de soja. El contenido ha generado críticas porque presenta como recomendaciones nutricionales varias afirmaciones que no encajan con los datos disponibles.
El vídeo es más escandaloso por quién lo emite y por el tipo de mensaje que lanza. La televisión pública difundió una advertencia alarmante sobre un alimento habitual de la dieta mediterránea sin mostrar un contraste claro con profesionales especializados en nutrición humana y dietética. En España, la profesión de dietista-nutricionista está regulada y cuenta con competencias propias sobre composición de alimentos, consejo dietético y educación alimentaria. Una médica no tiene los conocimientos necesarios para poder ser una figura de autoridad en el tema. El trabajo periodístico debe cumplir una buena praxis que, en esta ocasión, el espacio público no ha cumplido.

El primer error está en presentar el tomate como un problema por su fructosa. El tomate crudo contiene alrededor de 1,37 gramos de fructosa por cada 100 gramos y también aporta fibra. Es decir, no funciona como una bebida azucarada ni como un producto con azúcares añadidos.
En un gazpacho elaborado con tomate, pimiento, pepino, ajo, aceite, vinagre y sal, la alerta por el supuesto “exceso de fructosa” resulta desproporcionada. El problema nutricional de un gazpacho comercial, si existe, habría que buscarlo en la etiqueta: cantidad de sal, tipo de aceite, proporción de verduras o presencia real de ingredientes añadidos. No en el tomate como ingrediente principal.
Otro mensaje confuso es que el gazpacho aportaría poca fibra por estar triturado. Triturar una verdura no equivale a colarla ni a retirar su pulpa. Si el producto mantiene los vegetales completos, conserva parte relevante de su fibra. Un zumo filtrado pierde más fibra porque separa el líquido de la parte sólida. Un gazpacho, en cambio, suele mantener la pulpa de tomate, pimiento y pepino. Por eso no tiene sentido presentar la receta como si fuera un refresco vegetal sin estructura nutricional.

El vídeo también señala el licopeno como si fuera un elemento problemático. El licopeno es un carotenoide (pigmento natural que aporta beneficios a la salud) presente de forma orgánica en el tomate y en productos derivados del tomate. La EFSA también cita otras fuentes como la sandía, el pomelo rosa o la papaya.
Esa explicación deja otra muestra del desconocimiento de la supuesta experta: la berenjena no aparece entre las fuentes habituales de licopeno por mucho que ella así lo asegure. Usarla como ejemplo muestra una falta de precisión importante en una pieza que pretende dar consejos de salud. Tampoco hay base para presentar el licopeno del tomate como un compuesto inflamatorio.
El vídeo relaciona gazpachos comerciales con alimentos ultraprocesados por la presencia de aditivos y por procesos como la pasteurización. La pasteurización, por sí misma, no convierte un alimento en ultraprocesado. Harvard incluye la pasteurización entre procesos que pueden formar parte de alimentos mínimamente procesados y que ayudan a conservarlos de forma segura.
La advertencia sobre los aditivos también necesita pruebas. Si un envase no muestra estabilizantes, conservantes u otros aditivos en su lista de ingredientes, no puede usarse como ejemplo de un producto cargado de “químicos”. Lo correcto sería comparar etiquetas concretas, no lanzar una categoría general contra todos los gazpachos industriales. La entrevistada asegura que los gazpachos que ella mostraba tenían multitud de «es», en referencia a conservantes y compuestos químicos, y en cambio ninguna de las etiquetas mostradas de cerca incluyen nada similar.
La mención a la soja como ingrediente inflamatorio tampoco se sostiene como afirmación general. La evidencia científica no permite señalar la soja como inflamatoria por defecto. Una revisión de ensayos clínicos publicada en PubMed encontró incluso una reducción significativa de la proteína C reactiva tras suplementación con soja, mientras otros marcadores no cambiaron.

El caso apunta a un fallo que no está a la altura de una televisión pública. Una médica puede hablar de salud dentro de su ámbito, pero una pieza sobre nutrición debería contar con una persona especializada en Nutrición Humana y Dietética. Esa diferencia importa más cuando el mensaje puede generar miedo hacia alimentos habituales y saludables. El vídeo de RTVE habla de fructosa, hígado, inflamación, ultraprocesados y consumo limitado a una o dos veces por semana. Con ese nivel de alarma, el contraste profesional era imprescindible.
El gazpacho puede ser mejor o peor según su receta. Un gazpacho casero con verduras, aceite de oliva, vinagre y sal no plantea el mismo debate que un producto comercial con exceso de sal o peor perfil de ingredientes. Pero los datos no sostienen que el gazpacho sea malo por el tomate, la fructosa, el licopeno, la soja o la pasteurización.