El Proyecto SAFE calcula una mortalidad central de 36,5 millones de vertebrados al año. Andalucía registró 2.565 siniestros con animales en 2024, pero todavía se desconoce cuántos ejemplares mueren realmente en sus carreteras y cómo reducir esa cifra.
El miércoles te levantas pensando en que ya estás por la mitad de la semana. Queda poco para descansar unos días de ese trabajo que te gusta pero, bueno, no deja de ser un trabajo. Te aseas, te tomas un café y te vas al coche con el objetivo de llegar a tu oficina. Por el camino, visualizas un animalito en medio de la carretera. Parece un conejo. Y digo parece porque en su estado no es fácil de identificar. Lo esquivas, evitando así propagar más su cuerpo y, por qué no decirlo, ensuciar tu vehículo. Uno más. Y, cuando pasan unos segundos, te recorre un escalofrío por la columna. «¿Por qué lo he pasado por alto? ¿He normalizado ver cadáveres de animales?». Como tú, miles de conductores día tras día por toda España se encuentran en situaciones similares.
Los animales atropellados en carretera podrían situarse cada año entre 18,2 y 54,7 millones en España, según el Proyecto SAFE, impulsado por el Ministerio para la Transición Ecológica y coordinado científicamente por la Estación Biológica de Doñana-CSIC. La estimación central alcanza los 36,5 millones de vertebrados, una cifra muy superior a la que reflejan los registros de tráfico. La DGT contabilizó 36.087 siniestros con animales durante 2024, pero solo incorpora los sucesos que provocan daños materiales o personales. SAFE, cuyas siglas significan «STOP Atropellos de Fauna en España», intenta calcular también las ranas, reptiles, aves pequeñas y micromamíferos que mueren sin afectar a los vehículos.

La diferencia entre ambas fuentes responde, por tanto, a dos formas distintas de medir un fenómeno que a cientos de conductores nos horroriza en nuestros viajes diarios. Tráfico estudia principalmente el riesgo para los conductores, mientras que el proyecto científico analiza el impacto sobre la biodiversidad. Un jabalí que golpea un coche suele generar un atestado; una lagartija, una salamandra o un gorrión atropellados normalmente quedan fuera. En Andalucía, la DGT registró 2.565 siniestros con animales en 2024, pero esa cifra no permite conocer la mortalidad completa de la fauna. Y es que sin «incidente» la cifra no sube, pero dime tú qué problema genera arrollar a un pequeño roedor que ni ves. Ese es uno de los principales errores de esta medición.
SAFE estima cada año alrededor de 9,7 millones de anfibios muertos, 9,2 millones de lagartijas y salamanquesas y 9,1 millones de aves pequeñas. A ellos se suman cerca de cuatro millones de micromamíferos, 3,3 millones de serpientes, más de 934.000 conejos y liebres y unos 250.000 carnívoros. El cálculo no incluye todos los grupos, ya que murciélagos, tortugas, erizos, aves grandes, jabalíes, ciervos y otros animales no pudieron incorporarse con el mismo nivel de fiabilidad. Los 36,5 millones tampoco representan un máximo, sino el resultado obtenido para las especies y grupos que pudieron modelizarse.
El Proyecto SAFE se desarrolló entre 2020 y 2024 con la colaboración de casi 300 personas voluntarias, que realizaron recorridos periódicos a pie, en bicicleta o en vehículo. El estudio reunió datos de 304 itinerarios en 45 provincias españolas, siguiendo protocolos comunes para poder comparar los resultados. La participación ciudadana permitió cubrir una extensión que habría sido difícil de asumir únicamente con equipos profesionales. La identificación, validación y análisis de las observaciones quedaron en manos de los investigadores.
«SAFE es el primer proyecto en el mundo que investiga atropellos a escala nacional a través de ciencia ciudadana», explicó Marcello D’Amico, investigador de la Estación Biológica de Doñana y uno de sus responsables científicos.
El proyecto no se limitó a sumar los cadáveres visibles, porque muchos desaparecen antes de que alguien pueda encontrarlos. Una pequeña ave puede salir despedida fuera del arcén, una rana puede ser retirada por un carroñero y otro animal puede abandonar la calzada herido antes de morir. El tráfico, la lluvia y los trabajos de limpieza destruyen o eliminan otros restos en pocas horas. El informe del MITECO identifica así tres grandes sesgos: la ubicación final del cuerpo, el tiempo que permanece visible y la capacidad del observador para localizarlo.
Los recorridos realizados en coche detectaron hasta diez veces menos animales que los efectuados a pie o en bicicleta, especialmente entre anfibios, reptiles, aves pequeñas y micromamíferos. Algunos cadáveres pequeños resultaron prácticamente indetectables desde un vehículo, incluso cuando habían sido colocados previamente por los investigadores. La desaparición también puede ser muy rápida y, a partir del segundo o tercer día, disminuye considerablemente la posibilidad de encontrar determinados restos. Por eso los resultados deben corregirse según la especie, el método empleado, la frecuencia de las visitas y las características de cada carretera.

El estudio tiene un gran interés por la fauna, y en ello quiero centrarme también. Andalucía es rica en biodiversidad, por lo que conocer más de cerca lo que aquí sucede es crucial para abordar el drama. La investigación regional más amplia fue publicada en 2018 después de analizar durante 22 meses 45 tramos de diez kilómetros, repartidos entre cinco grandes ecorregiones andaluzas. El equipo recorrió alrededor de 9.900 kilómetros y encontró 1.535 vertebrados de 102 especies. El trabajo no permite calcular el total anual de Andalucía, porque las inspecciones fueron mensuales y se realizaron desde un vehículo, un método que pierde buena parte de los cuerpos pequeños. Sí permite comprobar que cada grupo animal presenta su propio mapa de riesgo y que una única clasificación de carreteras peligrosas resultaría insuficiente.
Las campiñas y vegas del Guadalquivir acumularon el mayor número de registros y destacaron por la mortalidad de mamíferos. Las Sierras Béticas presentaron una mayor presencia de aves, Sierra Morena tuvo el mayor peso relativo de anfibios y el sureste árido sobresalió por los reptiles. Entre los tramos con más ejemplares aparecieron puntos de la A-92 en Málaga y Sevilla, la A-48 y la A-381 en Cádiz, la A-49 en Huelva y la A-66 en Sevilla. Los datos corresponden al periodo 2009-2012 y sirven como antecedente científico, pero no pueden presentarse como una clasificación actual de puntos negros.
Vamos a poner ahora el foco en uno de los animales más molestos de nuestra fauna: el ser humano. De los 36.087 siniestros registrados en España durante 2024, 549 dejaron víctimas, con ocho personas fallecidas y 58 hospitalizadas. El jabalí estuvo implicado en 15.049 accidentes y el corzo en 11.656, mientras que el 87% de los casos correspondió a fauna silvestre. La mayoría se produjo en carreteras convencionales y durante la noche, con noviembre y diciembre como los meses con mayor número de incidentes.

El peligro no se limita al golpe directo contra el animal, no. Eso es lo fácil. Una aparición repentina puede provocar una frenada brusca, un volantazo, una salida de vía o una colisión con otro vehículo. Los grandes mamíferos concentran el riesgo para las personas, mientras que los animales pequeños soportan la mayor parte de la mortalidad ecológica. Las carreteras también fragmentan los hábitats, alteran los desplazamientos y aíslan poblaciones, por lo que un tramo sin cadáveres puede indicar que la fauna ha dejado de intentar cruzar o que la población ya ha disminuido.
Carlos Rodríguez, técnico de investigación de la Estación Biológica de Doñana, señala junto al estudio que la combinación de pasos de fauna y cerramientos correctamente diseñados es la medida más eficaz para reducir los atropellos. El vallado evita el acceso directo a la calzada y conduce a los animales hacia ecoductos, túneles o drenajes adaptados. El diseño debe responder a cada especie: un ciervo necesita una estructura amplia, una nutria puede utilizar un drenaje con una repisa seca y los anfibios requieren pequeños túneles y barreras bajas de guiado. Un cerramiento sin pasos funcionales puede reducir las muertes, pero aumentar el aislamiento de las poblaciones.
Como vemos, no todo es perfecto. Por ello, viene siendo necesario realizar ya acciones para poder mejorarlas. Si hablamos de los vallados, estos también pueden convertirse en trampas si presentan roturas, terminan bruscamente o no incorporan rampas de escape. Una abertura mal mantenida puede concentrar todos los cruces en un único punto, mientras que un drenaje inundado o cubierto de vegetación puede dejar de funcionar pocos meses después de su adaptación. Las intervenciones deben incluir vegetación de guiado, accesos naturalizados y un mantenimiento periódico de los elementos instalados. Construir la estructura sin comprobar su uso ofrece una respuesta incompleta.
Andalucía ha instalado sensores, cámaras térmicas y señales luminosas en distintos tramos. Estos sistemas detectan la presencia del animal, avisan al conductor y comprueban mediante radar si reduce la velocidad; algunas barreras incorporan además señales acústicas para intentar detener el cruce. Las medidas se han aplicado en la A-481, entre Villamanrique de la Condesa e Hinojos; la A-312, en Vilches; la A-301, en Jaén; la CO-3102, en Córdoba; y la conexión de la A-308 con la A-301, en Granada. La Junta también ha previsto vallados, adaptación de drenajes, pasos alternativos y rampas de escape en la A-431, A-432 y A-455, dentro de corredores utilizados por el lince.

Las señales dinámicas presentan una ventaja frente a los carteles permanentes, porque se activan cuando los sensores detectan fauna o cuando los datos señalan un periodo de especial riesgo. El conductor recibe así una advertencia concreta y tiene menos posibilidades de acostumbrarse al aviso. El informe del MITECO recoge también los 150 tramos TEFIVA seleccionados por la Dirección General de Carreteras por su frecuencia de incidentes con animales.
Estas tecnologías pueden complementar los pasos y cerramientos, pero no mantienen por sí mismas la conectividad entre ambos lados de la vía. Y bueno, si somos honestos, todos podemos recordar varios puntos donde el mantenimiento de las señalizaciones no está especialmente cuidado. Debemos ser conscientes de lo crucial de este asunto para exigir que no sea un simple apoyo cosmético.
Los Países Bajos aplican un planteamiento similar con grandes ecoductos, pequeños túneles, drenajes y rampas adaptadas a la fauna presente en cada territorio. Las estructuras forman parte de corredores ecológicos y no se proyectan como construcciones independientes. El proyecto europeo LIFE Safe-Crossing, desarrollado en España, Italia, Grecia y Rumanía, ha probado sensores, barreras virtuales y pasos adaptados para linces, lobos y osos. Los resultados muestran reducciones importantes en algunos tramos, aunque su eficacia depende, como ya hemos mencionado, del mantenimiento, el paisaje y el comportamiento de cada especie.
El MITECO recomienda medir la mortalidad antes y después de cada intervención y comparar el resultado con otro tramo semejante donde no se haya actuado. Una caída en el número de cadáveres no demuestra por sí sola que la medida funcione, porque también puede deberse al descenso de la población o al abandono de la zona. Las cámaras, las huellas, la telemetría y los análisis de conectividad permiten comprobar si los animales utilizan realmente los pasos. Este seguimiento debe acompañarse de revisiones periódicas de vallados, drenajes, sensores y accesos.
Andalucía necesita ahora una red estable de estudio que represente las ocho provincias y combine recorridos a pie, en bicicleta y en vehículo. Las campañas deberían reforzarse después de las lluvias y durante los periodos reproductores o de dispersión, cuando determinados animales cruzan de forma masiva o exploran nuevos territorios. También hacen falta dos mapas distintos: uno dedicado al riesgo para los conductores y otro a la mortalidad ecológica, las especies amenazadas y los corredores interrumpidos. España ya dispone de una primera estimación nacional; el siguiente paso es calcular la cifra andaluza y dirigir las inversiones hacia los tramos donde los pasos, vallados y alertas puedan reducir realmente las muertes. Es la única forma de que, de nuevo, podamos escandalizarnos cada miércoles ante algo que no debería estar normalizado.